viernes, 29 de enero de 2010

Historias de Japón, hoy el Pachinko.


Como quiero mostrar una idea real, y una vivencia al margen de las experiencias que realmente me marcaron en ese fenomenal viaje.

Todos los que vamos a Japón en mayor o menor medida hemos sentido de alguna manera la necesidad de “saber” algo de esa cultura y su manera de ver la vida. No es un país cualquiera y hay que ir un poco documentado. Pues está es una de esas tantas extravagancias niponas que no entendemos, o que nos parece muy extraña.

Así que antes de viajar, lo más común es comprar una guía, un libro o dedicar bastantes horas a ver itinerarios, sitios y demás por internet. Pues vamos yo consumí todas las opciones, así que conocía sin haber ido nunca muchas de las cosas que te ibas encontrando, prácticamente como que te las encontrabas de frente y dabas fe de que si, aquello estaba allí y era más o menos como se refleja en las guías y las fotos que de allá nos llegan. No por ello dejaban de sorprender, que también hay que decirlo.

Al prepararte para el viaje, miras y ves que es un país muy seguro, súper seguro, donde el índice de delincuencia es bajísimo. Pero siempre se reseña, cuidado con este barrio, cuidado con esta calle. A este o aquel sitio no ir solo, vamos que genera si no temor, si, bastante precaución.

Yo con un familiar que se dedica a la industria de las tragaperras, ya sé, hace mucho tiempo que las dichosas maquinas está preparadas para dar los premios "justos", con lo cual no hay suerte ni azar, es simplemente que se haya recaudado lo suficiente como para que salga un premio. Pero muchos de los que juegan en España, saben que será muy difícil sacar premio todos los días y siguen jugando, a diario, hasta que se hacen ludópatas perdidos.

En Japón se tiene la idea que se puede ganar a diario a la maquina y esto hace que tenga mucha afluencia, por donde yo me movía no es que hubiese un pachinko o dos, es que había cientos (en cada manzana uno o dos). Pero el temor a quien estaba dentro a esas “informaciones” que nos llegan y afirman que están regentadas por Yakuzas, me frenaba una y otra vez a entrar y así poder ver. Hasta que encuentras el valor y entras a ver…(^_^).

Pues no se ve a nadie que mande en el local o que te vaya a impedir la entrada, se ve a unos que miran y que se ve que están y que controlan, pero al verme a mí armado con mi cámara de fotografiar montada a disparo a disparo y mi cámara de video montada en ráfaga, lo único que hacen es salir del plano corriendo y mirarme a una distancia prudencial, de manera que no podamos ni mediar palabra.

Eso me ofrece seguridad para hacer varias fotos (la mitad movidas por los nervios), a grabar un poco y ver cómo es eso del pachinko rápido, muy rápidamente pues espero que me echen de aquí, de un momento a otro, alguien salido de una cortina o puerta secreta (que daño hacen las películas). La prohibición de hacer fotos, me la paso por…como que no sé ni leer, ni interpretar los grandes carteles de la entrada.


Como no, mirar lo que parece una columna, es un cambiador de dinero (los billetes y las tarjetas) por las dichosas bolas.

Bueno parece mucho a las tragaperras donde hay que sacar los tréboles, los fresones, etc, pero las bolas caen y yo creía que era lo importante, pues parece ser que lo que controlan es el lugar donde se quedan los pececitos y el valor que estos tienen. Como veremos en el video las bolas van a su aire y a una velocidad increíble, total que a 100 yens las 120 bolitas cunde una barbaridad (500 yens unas 600 bolas), un ratico de nada.


La verdad es que parece un juego tipo tragaperras, pero no echas monedas, si no bolas.




Las cuales cambias a la entrada, das dinero y te dan una caja con bolas, las que vas dejando en una especie de bandejita a la altura de tu abdomen, la maquina te va quitando las bolas y estas van cayendo en vertical, con lo que tienes que ir introduciéndolas en ciertos agujeritos que según estos tienen un valor, es decir que puedes introducirla por uno que esa bola se multiplique por diez, veinte, veinticinco, cincuenta, etc. Claro que hay que estar muy atento y las bolas no caen de una en una, si no que salen varias, y tienes que desarrollar mucha atención y habilidad.

La idea de aquí, de España es que es un saca cuartos, pero en cuanto estas unos minutos comienzas a ver que hay gente que tiene unas cajas enormes de bolas, es decir que aunque el juego por dinero este prohibido, sabes que tantísima bola es un pastón.

La manera de cambiar esas bolas, hay una especie de pileta o fregadero, donde se vacían las cajas y estas se introducen por un agujero que las cuenta y te da el número exacto, con lo que te dan una especie de vale. Canjeable por regalos…esos regalos se canjean por dinero (dicen), pero a muchos gaijin (extranjeros no se los cambian…). Los que ya llevan allí un tiempo y son “conocidos del local”, si les dan los vales y cuentan que al salir del local o bastante cerca, existen una especie de cajeros donde te cambian esos vales por dinero contante y sonante.


Esta máquina me sacó 3000 yens, la típica de grúa (esas de las ferias), que no me quiso sacar una muñeca manga para mí hija y hasta trate de comprársela al dependiente, pero tampoco accedió.

Más cósicas, en algunos pachinco se tiene que entrar a jugar con un mínimo, no vale entrar con un euro y echar una partida, lo mínimo son 500 yens (algo más de tres euros). Una vez decidido a probar, puede que como a mí, no te sea fácil y pierdas esos 500 yens, que no es la maquinita que más me quitó ni de cerca…así hay personas que han entrado a jugar a las diez de la mañana y han salido a las diez de la noche, con una notable ganancia.


Hay que fijarse en las bandejas de bolas que algunos tienen ya preparadas para cambiar.

Hay uno que cuenta que entro con 10.000 yens y en ocho horas ganó quince cajas de bolitas (no dice cuanto es en dinero…), pero mis 500 yens duraron no llegó a cinco minutos y posando para la cámara. Las bolas pasan que ni las ves y lo del centro yo creía que era de adornar o para entretener, así que las bolas bajaron que ni vistas.

La sensación al entrar es como saltar una barrera, los japoneses casi no hablan por la calle, es bastante silencioso, pasear por las calles. Al entrar en uno de estos establecimientos el ruido es casi ensordecedor, creo que la gente pierde el sentido del tiempo por ese ruido constante y monótono de cientos de miles de bolas cayendo y haciendo ruido al chocar contra las plataformas y obstáculos que se encuentran al caer.

La musiquilla de todas las maquinas descompasada, aunque sea siempre la misma, molesta de verdad y de vez en cuando como que hay especial o yo que sé, aún suena alguna más o varían en función al premio.

Nadie pone atención en el de al lado, está como ensimismado con su maquinita y su juego, súper o híper concentrado, si les haces una foto yo creo que ni se enteran.

Un ratico en el pachinko para todo lo que da…Dios mío.

Antonio Milla Jiménez. Albacete 29 de enero de 2010.